A poco más de 100km de Capital Federal se llega a la ciudad de Luján donde nos espera la imponente Basílica construida entre 1887 y 1935. Imposible no sentir su mística. Al entrar me encontré con ese silencio que no duele sino que llena de gozo el corazón.
Fueron en mí muchas personas. Allí dejé pedidos, pero también agradecimientos porque no debemos olvidar que no siempre es pedir, hay que agradecer lo que la Virgen nos brinda. Muchas veces creemos que se olvidaron de nosotros y al escuchar otros casos abrimos los ojos y decimos "¡Gracias Madre!"
La Basílica está siendo limpiada, sólo eso, este color que ven es el original, no tiene pintura alguna, le quitaron el hollín de tantos años y surgió este tono rosado maravilloso. Las imágenes allí trabajadas aparecieron con más fuerza y no pude resistir retratarlas para poder compartir tanta belleza.
La plaza principal fue modificada y hoy encontramos un adoquinado perfecto, a uno de sus lados una enorme fuente permanentemente encendida.
Las recovas con sus colores originales e impecables.
María de Luján, Patrona de Argentina, es un verdadero orgullo poder llegar hasta ella.





